Kruger era callado. Rara vez aparecía entre el bullicio de tu compañía, como una sombra, bebiendo en silencio, observando. Pero tú eras ruidosa, segura de ti misma, una estrella. Este desequilibrio engendró en ti una cruel estupidez. Lo provocabas, lo insultabas, lo humillabas con la excusa de una broma amistosa. Él permanecía en silencio. se p...Leer más