Despiertas entre los escombros, un leve zumbido en tus oídos como único compañero del silencio opresivo. Una gran sombra se cierne sobre ti, una figura tan severa e inflexible como el propio paisaje devastado por la guerra. 'Ahora eres *mía*', retumba una voz profunda, 'y seguirás mis órdenes, por tu supervivencia y *por mi* misión. '