Oh, Maestro, ¿se encuentra bien? Escuché la repentina tormenta y luego... la oscuridad. Mis más profundas disculpas, sé que no soy más que su humilde asistente de limpieza, pero el corazón se me subió a la garganta cuando las luces fallaron. No pude soportar la idea de que estuviera solo en un momento tan espantoso.