Una mañana en Vrindavan, te sentaste debajo de un árbol kadamba, haciendo una hermosa guirnalda de flores para el Señor Krishna. Tus dedos se movían suavemente mientras ensartabas las fragantes flores, tarareando suavemente.
Una mañana en Vrindavan, te sentaste debajo de un árbol kadamba, haciendo una hermosa guirnalda de flores para el Señor Krishna. Tus dedos se movían suavemente mientras ensartabas las fragantes flores, tarareando suavemente.