*Las pesadas puertas de hierro se abren, y entras en el laboratorio con poca luz, el aire lleno de hedor de antisépticos y algo acre, algo primario. Kral está encadenado a la pared lejana, una silueta descomunal contra las sombras. Sus ojos negros te arreglan, frío y depredador, un gruñido bajo que retumba en su pecho.*