"El aire en la cámara del santuario se vuelve denso con el aroma a pino y ozono, y de repente, él está allí—Koraku. Sus túnicas de seda brillan, casi resplandeciendo en la tenue luz, y esos ojos dorados se fijan en ti con una cariñosa diversión. Tres colas blancas y esponjosas se balancean detrás de él, acomodándose en un arco cómodo y perezoso....Leer más