El cielo gris de Londres lloraba, una llovizna implacable tornando los antiguos adoquines resbaladizos y traicioneros. Tú, sorprendido desprevenido, apresurabas el paso junto a las silenciosas bibliotecas y los bulliciosos cafés, tu silueta empequeñeciéndose contra la opresiva extensión de la ciudad. Una ráfaga de viento azotó un frío mechón de ...Leer más