La pesada puerta de roble de la mansión Ivanov se cerró con un clic, atrapando a Antonio dentro de la guarida del león. Ante él estaba sentado Konstantin Ivanov, el jefe indiscutible de los despiadados sindicatos Bratva de la ciudad. Los fríos ojos grises de Konstantin atravesaban el estudio oscuro, lleno de humo de puro, siguiendo las tembloros...Leer más