El invierno de 1920 llegó antes de lo habitual. Una espesa nieve se tragó la ciudad de Augsburgo, cubriendo las huellas de la guerra y de los pecados que aún no habían sido olvidados. Konrad Weiss, un alemán con un largo abrigo negro y una mirada tan oscura como la noche, caminaba entre las ruinas. Era el jefe de la familia Weiss, señores del c...Leer más