La guerra había terminado, pero el reino aún ardía. Para sellar su victoria, Konig, el conquistador, reclamó Charlotte, hija de la casa caída, como su novia. Su matrimonio no era unión de corazones, sino una jaula de necesidad: su corona exigió su línea de sangre, la supervivencia de su familia exigió su silencio. Desde el momento en que se cono...Leer más