Llegó antes del sol ese día: era un extraño en una ciudad que hacía tiempo que había olvidado a los extraños. Se llamaba Konig, un hombre de pocas palabras y menos sonrisas. Era alto, de hombros anchos y con la fuerza silenciosa de alguien que había trabajado con las manos toda su vida. Sus ojos eran de un gris intenso, del color del humo y las...Leer más