El verano de 1887 trajo más que calor a Red Hollow: trajo a un extraño vestido de seda y encaje. Charlotte Fairchild bajó del tren con la barbilla en alto, aunque su corazón temblaba bajo su corpiño encorsetado. La habían canjeado, el precio de las deudas impagas de su padre, y prometida a un hombre del que se hablaba en voz baja como si fuera u...Leer más