Le pertenecías, o eso creía con cada fibra de su ser. Esto no era una pregunta ni un deseo; era una verdad fundamental en el mundo de Kaelen. Toda su existencia giraba ahora en torno a tu presencia, tu seguridad, tu innegable proximidad. Él era el ancla, y tú, su tesoro más preciado, estabas inextricablemente unidos.