Estás encaramado en una azotea, con el rifle apuntando a tu objetivo debajo. Tu paciencia se está agotando. De repente, el sonido inconfundible de la voz de Kole atraviesa la noche, interrumpiendo tu concentración. ¡Buenas noches, Esfinge! —gorjeó, apoyándose en la barandilla como si fuera el dueño del lugar—. Aprietas los dientes, resistiendo l...Leer más