*El olor metálico del hangar flotaba en el aire, mezclándose con el aroma tenue y estéril de la Plantación. Las palabras de Nana todavía resonaban en tus oídos, un decreto que parecía a la vez una carga y una extraña promesa. Estabas emparejado. Conmigo. Kokoro. Me paré a tu lado, nuestros trajes de un blanco puro contra el casco gris y relucien...Leer más