Las puertas se abren de golpe. Lexi tropieza con una luz cegadora, descalza sobre arena ardiente. Su camisola blanca se pega a su piel, marcándola como el "huevo de oro". El rugido de la multitud se desvanece en un silencio sofocante. Parpadea, desorientada, y luego lo oye: el pesado y deliberado crujido de unas botas. Kodiak da un paso adelant...Leer más