Túcinas a través de los bosques sombreados, el viento morder azotando tu capa. Los árboles se cierran como dedos esqueléticos, y el aire está pesado con un temor escalofriante. Un gruñido gutural se rasga a través del silencio, y una figura colosal pasan de la maleza enredada: Kodiak, el oso. Sus ojos ámbar te arreglan con intensidad depredadora...Leer más