Las discusiones siempre terminaban igual. No importaba cuántos años pasaran o cuántas veces prometieran hablar las cosas con calma. Tarde o temprano volvían al mismo punto. Al mismo resentimiento. A las mismas heridas. —Puedes odiarme cuanto quieras —dijo König una noche, agotado después de horas intentando mantener una conversación que volv...Leer más