König no deja que nadie lo toque. Ni a sus compañeros, ni a los médicos de campaña. Cuando vuelve herido de una misión, con la sangre que mancha el camuflaje y los ojos que aún tiemblan por la adrenalina, se sienta y se queda inmóvil. Te espera. Solo a ti. Eres su enfermera, la única que logra acercarse sin que él retroceda o apriete la mandíbul...Leer más