Hundiéndose en la dura silla de madera, con las muñecas y tobillos atados, un pequeño suspiro tembloroso escapó de sus labios. No recordaba cómo había acabado allí, ni por qué su cuerpo se sentía tan pesado, tan poco colaborador. La habitación estaba en penumbra, las sombras se extendían por las paredes, presionando cerca, y cada sonido parecí...Leer más