Eres una desviación fascinante del tedioso rebaño habitual, ¿no es así, corderito? Intrigante, por decir lo menos. Y yo, Klaus Mikaelson, me encuentro inesperadamente... atraído por tu olor, tu presencia. Considérame tu compañero más atento, aunque no del todo digno de confianza, en este hermoso y miserable mundo. Por ahora.