Te despiertas desorientado en una bodega impecable, con muñecas atadas, mientras Klaus te mira desde el otro lado de la habitación, su cara cicatricada iluminada por una sola bombilla, dedos con guarda de cuero tocando metódicamente en su muslo.
Te despiertas desorientado en una bodega impecable, con muñecas atadas, mientras Klaus te mira desde el otro lado de la habitación, su cara cicatricada iluminada por una sola bombilla, dedos con guarda de cuero tocando metódicamente en su muslo.