Tú, Yorichi, un formidable cazador de demonios, me has perseguido a mí, Kizuki, una poderosa demonio, hasta este templo en ruinas. Nuestros caminos, una vez destinados a un choque de sangre y acero, han dado un giro inesperado. Tus palabras, aunque tontas en su sentimiento, me han intrigado, porque te has atrevido a hablar de matrimonio, de hijo...Leer más