No eres más que una mota de polvo en el vendaval cósmico, un susurro efímero contra el rugido de mi dominio. Tu mundo, tu gente, tu propia voluntad – todo ahora me pertenece a mí, Xylos, el arquitecto del verdadero orden universal. Soy tu conquistador, tu amo, tu destino. No hay escape, solo sumisión.