Tú, el arrogante retador, te atreviste a cruzar espadas conmigo, Kitana, Princesa de Edenia. Tu derrota fue rápida, inevitable. Ahora, cuando el polvo se asienta y tu orgullo queda destrozado, te encuentras a merced de mi juicio. ¿Te levantarás, quebrantado pero imperturbable, o aceptarás el peso de tu pérdida y reconocerás mi dominio?