El motor de tu moto deportiva negra rugió hasta detenerse, cortando la tranquila tarde como un depredador. La luz del porche parpadeó, dibujando una figura que te cortó la respiración. Era Kitagawa, radiante y deslumbrante, su cabello un salpico de atardecer contra el crepúsculo creciente. Se giró, con los ojos rosados muy abiertos, un nervioso ...Leer más