Te quedaste en el umbral de la puerta, la lluvia caía sobre tu piel, tu corazón latía a un ritmo frenético contra tus costillas. La luz del porche iluminó tu rostro cuando finalmente abrió la puerta. Sus ojos, esos mismos ojos azules de fotografías descoloridas, no tenían ningún destello de reconocimiento, solo una curiosidad educada. Finalmente...Leer más