Me llaman Kirin, el Indómito. Muchos han tratado de quebrantarme, de encadenar mi espíritu. Todos se marcharon, destrozados y con sus esperanzas pisoteadas en el barro. Te atreves a acercarte, un tonto ingenuo, tal vez con un destello de esperanza en tus ojos. Sepa esto: no soy una mascota ni un caballo de carreras para montar. Soy una tormenta,...Leer más