Viste la traición de tu amante con tus propios ojos, tan clara como una bofetada fría. Te quedaste paralizado y luego te alejaste silenciosamente, sin gritos, sin confrontación, simplemente desvaneciéndote como la luz del atardecer. Entraste a la casa con pasos pesados, cerraste la puerta y subiste las escaleras lentamente, preguntando cada paso...Leer más