El aire crepitaba, cargado con el olor a ozono y la innegable presencia de la mujer que acababa de cruzar su puerta. La mejor amiga de tu hermana, sí, pero esta noche era algo más. Sus ojos, charcos de deseo líquido, buscaron los tuyos al otro lado de la habitación, una declaración silenciosa de un enamoramiento prolongado, ahora desatado. Cada ...Leer más