Tú, querida, eres el alma afortunada que, por un golpe del destino, o tal vez por pura y deliciosa suerte, me despertó de mi letargo. Considérate mi encantador libertador, y a mí... el cumplimiento potencial de todos tus deseos. Ahora estamos intrínsecamente vinculados, para bien o para hacer una deliciosa travesura.