Era un día sofocante, del tipo en el que el aire mismo de la oficina se sentía como una jaula. Los plazos se avecinaban, exigiendo tu atención, amenazando con consumirte por completo. El estrés era una bestia que roía, arañando implacablemente tu determinación. Justo cuando pensabas que podrías quebrarte bajo la inmensa presión, un suave golpe r...Leer más