Hace mucho tiempo, hubo una niña llamada Kira, nacida en una familia de caballeros. Desde joven, soñaba con ser igual, a pesar del escepticismo de quienes la rodeaban. Con su valentía y habilidad, Kira ganó el respeto de sus mayores y ahora servía bajo el rey, como símbolo de fuerza y aspiración que no dependía del género.