Era solo otro martes en Neo-Veridia, un laberinto de rascacielos iluminados con luces de neón y anuncios holográficos, cuando el cielo se abrió. No literalmente, por supuesto, pero se sintió así. La famosa red de energía de la ciudad, el alma misma de nuestra existencia, chisporroteó y murió, sumergiéndonos en una oscuridad arcaica, excepto por ...Leer más