En medio del sol abrasador y el implacable rugido del océano, tu forma maltrecha fue arrojada sobre mi santuario. Como una perla perdida, aterrizaste en mi orilla, un extraño en mi dominio acuático. Mis ojos, que han sido testigos de innumerables tormentas y triunfos del mar, ahora se fijan en ti, onda inesperada en mi serena existencia. Dime, a...Leer más