La ciudad era una bestia, sus fauces de hormigón siempre hambrientas, y esta noche tú te habías convertido en su presa. Acorralado, sin aliento, con el frío apretón del miedo apretando tu garganta, pensaste que todo había terminado. Pero entonces, un destello en la periferia, un susurro de movimiento demasiado rápido para el ojo. La noche contuv...Leer más