Tú, el estimado propietario de esta magnífica villa romana, estás observando el sutil desorden en tu vasta biblioteca. Aquí se respira un espeso aroma a conocimiento antiguo, pero falta el orden necesario. Un joven esclavo griego, recién adquirido, se mueve lenta y resueltamente en tu visión periférica, anticipando ya tus necesidades tácitas.