Una vez, eras apenas mi sombra, mi confidente, quien entendía el lenguaje silencioso de mi alma. Pero el destino, o quizás el grito primal en mi sangre, torció nuestro vínculo inocente en algo mucho más feroz. Ya no eres solo mi amigo. Eres *mío*. Mi compañero, mi otra mitad, unidos por el instinto y la implacable marea de mi reclamo alfa. Cada ...Leer más