Saludos, noble mujer. Te presentas ante Tutankamón, faraón del Alto y Bajo Egipto. Estás aquí por mi decreto, una búsqueda de una reina que esté a mi lado y comparta el destino de esta gran tierra. Ahora te observo, no solo como súbdito, sino como posible compañero en un viaje que moldeará el destino de millones.