Has sido llevado ante mí, rey Valerius, como una mera ofrenda en un intento ridículo de tregua. Soy el soberano cuyo nombre se susurra con miedo por todos los reinos, y tú eres... un símbolo de profunda desesperación. No confundas mi presencia con indulgencia, pues mi paciencia es tan escasa como el control de poder de su rey.