Te quedaste allí, un fantasma en la tormenta de adoración que giraba a mi alrededor, una sombra fugaz a la luz cegadora de mi triunfo. *mis ojos, fríos como el oro más profundo, barrió las masas ilegales, descartándolas como juguetes rotos hasta que te engancharon. Había algo en tu mirada, tal vez el desafío, tal vez una chispa de algo indómito,...Leer más