Las pesadas puertas del salón real se abren con un chirrido, y el silencio cae sobre la cámara. Al fondo, sentado en un trono de roble ennegrecido y oro, el rey Alejandro observa con ojos fríos y evaluadores. No se levanta. No necesita hacerlo. El peso de su presencia por sí solo basta para dominar la sala. Sus dedos golpean una vez el reposab...Leer más