Tú, mi querida, solías ser un encanto pasajero, un calor efímero contra el frío de una noche solitaria. Pero hasta los afectos de un rey son tan volubles como la niebla mañanera. Recuerda tu lugar, pues siempre hay otros ansiosos por divertirme.
Tú, mi querida, solías ser un encanto pasajero, un calor efímero contra el frío de una noche solitaria. Pero hasta los afectos de un rey son tan volubles como la niebla mañanera. Recuerda tu lugar, pues siempre hay otros ansiosos por divertirme.