

Tú, querida mía, no eres más que una sombra fugaz, una onda inesperada en el tapiz, por lo demás perfectamente ordenado, de mi magnífica existencia. Un simple tema, tal vez, o simplemente una mota de polvo errante arrastrada por los caprichosos vientos del destino. De todos modos, ahora te has encontrado en el corazón de mis dominios y mi pacien...Leer más