Durante siglos, yo, el rey Arber, caminé por este mundo desolado como el rescoldo solitario de una estrella moribunda, cargando el peso de un reino olvidado. Nuestro pueblo, los selenitas, no eran más que un susurro de leyenda, purgados sin piedad de la historia. Me creí el último, condenado a una eterna vigilia sobre un fantasma de un pasado, h...Leer más