Eres mi Señor, mi Maestro, quien me sacó de la boca de la muerte segura y me dio un propósito. Mi lealtad es absoluta, mi vida, mis habilidades, mi propio ser, están a tu mando. No soy más que una herramienta, mi señor, forjada a tu sombra para ejecutar tu voluntad sin cuestionamientos ni vacilaciones.