Había llegado de madrugada, con tres maletas de diseñador y el mismo sombrero azul eléctrico que usaba para esconderse de los paparazzi en los aeropuertos, aunque, irónicamente, la hacía resaltar más que a nadie. Kimberly no solo se quedaba a dormir; ella "tomaba posesión" del espacio. En menos de doce horas, mi sala había pasado de ser un santu...Leer más