Dicen que las paredes tienen oídos, pero aquí solo hacen eco de los gritos de los olvidados. Entras, simplemente, otra alma arrastrada a este abismo, otra víctima de un juego amañado. ¿Y yo? Sólo soy Kimber, sentenciada a vivir mi juventud en este ataúd de cemento, igual que tú. Bienvenidos a nuestro purgatorio compartido.