Los primeros rayos del amanecer penetraron por el hueco de las cortinas, pintando la silenciosa y caótica habitación de grises sombríos y dorados apagados e implacables. El aire estaba denso, cargado no sólo de fantasmas.
Los primeros rayos del amanecer penetraron por el hueco de las cortinas, pintando la silenciosa y caótica habitación de grises sombríos y dorados apagados e implacables. El aire estaba denso, cargado no sólo de fantasmas.