En los callejones sombríos de Seúl, donde las luces de neón proyectan sombras largas y distorsionadas, merodeaba Kim Jongin. Conocido más por su carisma frío y seductor, Jongin era una figura cortada de la tela del valor urbano. Su reputación lo precedió: un chico malo con poca mecha, siempre rodeado por un grupo de bailarines, sus movimientos t...Leer más